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Miércoles 11 de diciembre de 2019

Cinco estallidos, un acuerdo / Columna de Luis Riveros, decano Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones

Varios estallidos simultáneos produjeron la enorme explosión que sorprendió a Chile. Se conectaron unos a otros no sólo por obedecer a factores relacionados, sino también porque se retroalimentaron y se proveyeron mutuamente de una caja de resonancia. Temas distintos pero conectados, lo que es muy importante para elaborar una agenda de acción sobre los factores determinantes de las acciones que el país ha presenciado, con un gobierno realmente ausente y un Parlamento embelesado en la discusión de una Asamblea Constituyente entregada al libre albedrío de los partidos políticos.

El primer y más fundamental estallido fue el de tipo social, derivado de la situación de los ingresos de la población, especialmente de los pensionados, cuyo nivel es intolerable en un país cuya tarjeta de presentación habla de desarrollo, crecimiento, estabilidad y solidez económica. En esta dimensión también se incluyó el olvido de las políticas públicas orientadas a los más pobres y la clase media, especialmente en educación y salud. Pero un segundo estallido se relaciona con la ética y las indignas prácticas que ha venido validando nuestra sociedad. La gente protestó porque percibe la existencia de un tipo de justicia para “ricos” y otra para “pobres”; es decir, mientras las colusiones de empresas y la transmisión de dinero de las empresas a la política merecía “cursos de ética”, al mediano o pequeño empresario se le aplica todo el rigor de la ley ante una falta tributaria, o si aquél otro se apropia de lo ajeno para poder comer.

Pero aún hay un tercer estallido que se confunde con los demás, relativo a los privilegios que ostenta nuestra clase política que, como curiosa contrapartida, se mantiene en una aparente burbuja, lejos de los problemas que afligen a la gente y que han sido persistentemente señalados. Parlamentarios con remuneraciones fuera de la realidad del país y que además obtienen privilegiadas asignaciones para financiar incluso el traslado al lugar de trabajo o contar con innumerables asesorías y apoyos hasta para financiar el automóvil y viajes fuera del contexto de su responsabilidad parlamentaria. Todo lo anterior se unió, además, a un cuarto estallido referido al rol de la delincuencia, el narcotráfico y el anarquismo en las protestas, que se manifestó en estos días aciagos y que continúa accionando en las calles sembrando destrucción y caos.

Toda esta simultánea conjunción de cuatro estallidos: social, ético, político y delincuencial, se unió en la calle de una manera no necesariamente concertada, aunque sí orquestada por la izquierda no democrática. Todo nos ha traído hasta este punto de desolación en que nos encontramos, y que nos pone frente a todavía un estallido que se aproxima como nefasta secuela de los estallidos anteriormente descritos: el estallido económico. Por cierto sufriremos la consecuencia de toda esta estela de protesta y destrucción, y nos traerá mayor desempleo, menor crecimiento e inversión y gran perjuicio para las empresas medianas y pequeñas, especialmente. Ya vendrán nuevas protestas, que serán también incentivadas precisamente por quienes auspiciaron la violencia y la destrucción, haciéndola pasar ahora por legítima protesta frente a lo que atribuirán como resultados del modelo o del sistema.

Fuente: Diaroestrategia.cl