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Reseña de libro por Eric Tapia

Animales Enfermos. Filosofía como terapéutica. Diana Aurenque Stephan. Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile. 2022.

Para Diana Aurenque Stephan (Chile, 1981), autora del libro titulado “Animales Enfermos. Filosofía como terapéutica” (FCE, 2022), ésta es una obra que se sitúa disciplinalmente en el campo de la antropología filosófica y de la filosofía de la medicina. La actual directora del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), nos ofrece una lúcida lectura filosófica del problema de la salud y la enfermedad para la especie humana. A partir del análisis de autores clásicos de la filosofía alemana, tales como Nietzche, Haidegger y Blumenberg, entre muchos otros autores occidentales, la autora afirma que el ser humano es un “animal enfermo”, no en el sentido de padecer una enfermedad fisiológica determinada, sino que, por estar afectado, por así decir, ontológicamente de una falta de salud dada por la naturaleza. El ser humano nace enfermo y debe sanar existiendo –y ello significa también humanizarse verdaderamente”.

 

El ser humano, al tomar conciencia de su propia existencia, abandona el estado de identificación con la naturaleza y se ve arrojado a vivir una vida propia y a darle un sentido a ésta, más allá de la mera satisfacción de sus necesidades meramente biológicas e instintivas. De acuerdo a la evidencia fósil, en menos de 100 mil años nuestra especie pasó de tener un cerebro de aproximadamente 200 cc a 1200-1400 cc que tiene en la actualidad. Este órgano hipertrofiado, consume el 25% de la energía corporal en reposo a pesar de que representa sólo el 3% de nuestro peso corporal. Es decir, en un muy corto periodo de tiempo –desde un punto de vista evolutivo– fuimos perdiendo la fuerza física, la agudeza de nuestros sentidos y la utilidad de nuestros instintos, para privilegiar el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas y filosóficas.  Mientras que los demás animales no humanos utilizan y perfeccionan sus extremidades para sobrevivir, el ser humano se humaniza precisamente manteniendo un equilibrio débil en medio de la naturaleza […] Prefiere en equilibrio débil como humano, que uno más balanceado, más seguro y confiado, como animal”.

 

Como “animal enfermo”, vivimos en un permanente desequilibrio con nuestro entorno. Nuestro vertiginoso desarrollo cultural, no sólo nos atropello a nosotros como en tanto animales, sino que arrasó también con los equilibrios ecológicos globales. Sólo un animal enfermo puede contaminar ríos, mares y la tierra donde crece el alimento que come y da de comer a sus crías. Sólo un animal enfermo es capaz de construir las armas con las cuales siembra el terror, el sufrimiento y la muerte en todos los rincones del mundo.