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Venezuela decidió iniciar un cambio

Por: Samuel Fernández Illanes

3 septiembre 2015

Imagen foto_00000007Con participación electoral de casi un 75% y una victoria de 99 escaños contra 46, el Movimiento Unión Democrática, logró imponerse en la nueva Asamblea Nacional de Venezuela. La segunda elección entre 18 previas, que el Chavismo pierde en 17 años. Parecía casi imposible. El oficialismo controló prácticamente todos los medios de comunicación. Acarreó votantes hasta la última hora añadida al tiempo de votación, o les entregó regalos para convencerlos. Amenazó opositores, les prometió militares en la calle para defender la revolución. Encarceló o inhabilitó a muchos candidatos. Cambió el número de elegidos si la circunscripción era o no chavista. Se opuso a veedores calificados y sólo aceptó acompañantes de su confianza. Canceló credenciales de Ex Presidentes que tildó de “payasos”, los que verdaderamente vigilaban el proceso y no lo aceptaban condescendientes. En fin, hizo todo lo que un poder cada día más omnipresente hace para perpetuarse. Y sin embargo perdió.


El rechazo tiene, entonces, mayor significado que una simple mayoría en la Asamblea que ahora obtiene, la que podría aumentar si resultan elegidos más diputados entre los 22 pendientes. Aseguran que ya alcanzan los 112. Si así fuere, se podría modificar el presupuesto, acordar leyes revocatorias y hasta el inicio de una Reforma Constitucional. Un riesgo que el Presidente Maduro difícilmente desea correr. Es por ello que hasta el 5 de enero de 2016, en que asumen, podrían suceder muchas cosas. Se han reconocido los resultados y el proceso, más allá de episodios aislados y las maniobras gubernamentales, que no han logrado invalidar la elección. Ni los observadores internacionales harán cuestionamientos que pudieren comprometer la victoria opositora. Pero las amenazas oficiales prosiguen con las acostumbradas descalificaciones.


Toda iniciativa está en manos del Gobierno, si pretendiera aprovechar la enorme mayoría legislativa de que aún dispone hasta esa fecha, o por decretos, buscar poner límites, minimizar o alterar los poderes y facultades de la competencia actual de la Asamblea, y así desnaturalizar o hacer inefectivo el poder de los nuevos diputados. Es justamente en este tiempo intermedio, en que la comunidad internacional debería estar vigilante para que la clara y contundente victoria opositora, democráticamente obtenida, no se desvirtúe.


No es una especulación antojadiza. Por las actividades previas a la elección, así como por las claras señales posteriores de Maduro y su Gobierno, la revolución sigue sin pausas y con los mismos objetivos. Entonces cabe pensar que una derrota electoral seria y amenazante, resulta difícil que la asimile en los 4 años restantes del mandato; y todavía más hipotético, de que entienda el mensaje y cambie rumbos, los que podrían radicalizarse.


Ojalá no sea así, porque la verdadera razón del triunfo opositor, esta mucho más basada en la realidad que vive el país que en una disputa ideológica. Para los venezolanos han pesado mucho más, la escasez de alimentos, la inseguridad criminal, la prepotencia chavista, la inflación desbocada, los controles de cambios, las limitaciones a los viajes, el encarcelamiento de opositores, así como los permanentes controles gubernamentales, sumada a la presencia majadera de Maduro para eternizarse. Simplemente la población se hartó. No tanto por posición política, sino por la propaganda desmesurada de un sistema fracasado, que la ciudadanía supo percibir claramente y que ya no convence.


Un mensaje evidente para los seguidores en nuestra región y que ahora reflexionan, como aseguró Evo. La propaganda y los controles oficiales no pueden contra una porfiada realidad inocultable. Las redes sociales hicieron lo suyo y sortearon las limitaciones y triquiñuelas oficiales para ganar, y ciertamente aprovecharon este espacio democrático que significó la elección de los legisladores, para expresar con votos, que el cambio podía y debía iniciarse.