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Rodrigo Mena: Reflexiones sobre el temporal: Aprendiendo de desastres socionaturales

15 agosto 2015

Por Rodrigo Mena: sociólogo medioambiental; gestión del riesgo y vulnerabilidad socioambiental; investigación y trabajo de campo en zonas hostiles, complejas y remotas. Académico Sociología, Universidad Central.

El ciclo de la gestión del riesgo considera 4 fases: (1) Mitigación, que incluye todas las medidas adoptadas para reducir los riesgos, mitigar el impacto de éstos y fortalecer el proceso de recuperación; (2) Preparación, que comprende los recursos, equipamientos, conocimientos, entrenamientos, coordinaciones, planes y medios listos para manejar el peligro y responder a los impactos; (3) Respuesta, que corresponde a la movilización de los componentes de la fase de preparación para responder a la emergencia y necesidades inmediatas; y (4) Recuperación, que busca restaurar, reconstruir y reparar el área afectada, como la rehabilitación de las personas y reanudar el funcionamiento de las instituciones y servicios Transversal a todas las fases, debe haber un proceso de aprendizaje para fortalecer cada fase y reducir los riesgos. Tomando en consideración este último punto, a continuación se presentan 8 reflexiones que surgen de trabajo de campo realizado durante el temporal recién pasado en la Región de Coquimbo (y toda la zona central del país), el cual sin ser el más destructivo, permite observar y aprender varios elementos relevantes:

1) Que a pesar de vivir un en país expuesto a la ocurrencia de estos eventos de manera regular, la población aún no ha aprendido ni está bien preparada para estos sucesos. En los hogares aún no se manejan kits de emergencia correctos, no se mantiene agua ni comida guardada, ni hay planes de respuesta. Al día de hoy y con la historia del país, todos los hogares deberían mantener en stock autonomía de agua, alimentación y luz para al menos tres días. También es responsabilidad de las autoridades educar y apoyar a la ciudadanía en el proceso de obtención, elaboración y uso de los kit y sus componentes.

2) Alta dependencia de la sociedad moderna en el uso de la electricidad. Hoy en día junto con el agua y la comida, en tiempos de emergencia la electricidad sobresale también como altamente valorada y hasta como una necesidad, lo que se explica en parte por la dependencia de nuestros modos de vida a artefactos eléctricos y electrónicos. En el trabajo en terreno realizado, el uso masivo de teléfonos celulares como único medio de comunicación resalta como el principal uso que se le busca dar a la electricidad. Acto seguido, el refrigerador es vital para conservar los alimentos. En tercera instancia se encuentran la electricidad para calefacción y cocinar. Lo anterior varias personas destacan como "algo nuevo", toda vez que la masificación de encimeras y estufas eléctricas de alta eficiencia en los últimos años, ha llevado a tener hogares mono-energéticos (todo depende una fuente de energía). Punto aparte y a ser tratado más abajo, es el caso de las personas que dependen de la electricidad por temas de salud. Dado todo lo dicho, un día sin electricidad para la mayoría de las personas fue complicado. Esta alta dependencia a la electricidad, que a su vez depende de matrices eléctricas interconectadas, puede ser tomada como una oportunidad para nuestros legisladores y autoridades para avanzar en la masificación del uso de energía solar y diversificar nuestra matriz energética, lo cual entregaría mayor resiliencia a nuestra sociedad, y en casos de emergencia, permite seguir contando con electricidad.

3) Este evento permite a nuestra Región, y esperamos se haga, aprender sobre cómo y dónde nuestras costas son más vulnerables y afectadas por diversos oleajes/mareas, los cuales a pesar de ser significativos para la historia local, fueron moderados respecto a su potencial máximo. Interesante es notar que estas mareas/oleajes afectaron zonas distintas a las del maremoto de 1922, dando cuenta que la afectación de estos fenómenos no responden a una regularidad histórica, sino que se deben considerar con seriedad los estudios científicos al respecto. Así también, se deben considerar los efectos que el cambio climático tiene en la ocurrencia de estos eventos. Paralelamente, nuestras políticas y planes reguladores deben estar a la altura de lo que la ciencia y los planes de gestión del riesgo indiquen. En este punto nuestra región debe reflexionar sobre la propuesta del Nuevo Plan Regulador, en especial cuando el concejo Municipal decidió por 4 votos a favor y 2 en contra considerar la carta de inundabilidad del SHOA (que reduce la línea y áreas de inundación, en especial desde el faro hacía norte) por sobre la de un estudio de riesgo independiente, contratado por la Municipalidad.

4) Este evento dejó expuesta la debilidad y fragilidad de nuestra Región en términos comunicacionales y de entrega de información. El único canal de información local activo, tanto durante y posterior a los sucesos, fueron dos a tres señales de radio. Sin embargo, estas estaciones a pesar de su excelente y destacable rol, no son canales oficiales de comunicación desde las autoridades. Más aún, estas emisoras no cuentan (y no tiene obligación de hacerlo) con equipos electrógenos autónomos o personal para funcionar durante todo el periodo de una catástrofe, lo cual generalmente supera las 48 horas. Mantener a la población informada y tener canales de comunicación activos y oportunos, es vital para reducir la incertidumbre y gestionar la preparación y reacción de la población, así como los efectos a nivel psicológico, físico, estructural y funcional de las catástrofes en nuestras sociedades. Sólo una ciudadanía informada, puede actuar de manera correcta y gestionar bien los recursos activos y el riesgo al que se exponen. Punto aparte es lo centralizado de los canales de televisión en la ciudad de Santiago, que al margen de informar sobre los efectos desastrosos del temporal, no tuvieron un rol social de ser canales de información para la ciudadanía afectada.

5) Sumando los puntos anteriores, una población bien preparada e informada permite quitar presión a las autoridades de entregar respuesta y ayuda a casos puntuales, y enfocarse en los casos urgentes. Con lo anterior, además se permite reducir la fase de respuesta y comenzar con mayor prontitud la de recuperación. Un ejemplo de medidas que facilitan preparación, podría ser en contar con un catastro de personas que viven con dependencia eléctrica por condiciones de salud (respiradores artificiales o dependientes de medicamentos refrigerados, por nombrar algunos) e ir a prestar ayuda a esas personas y los damnificados directos en primera instancia, dejando para después el resto de la población, que bien preparada y equipada, debería poder sobrellevar dos días la emergencia.

6) Una vez ocurrido el evento principal de riesgo (ej. terremoto, tormenta), casi siempre quedan instalados en la sociedad riesgos nuevos, muchas veces de igual o mayor peligro que el evento inicial. En el caso de este temporal, sucedió que la gente se expuso a estos nuevos riesgos de manera irresponsable y voluntaria; y las autoridades tampoco estuvieron en esos lugares para evitar o desinhibir esas conductas y, sin canales de comunicación efectivos, esa tarea se hace aún más difícil. En este temporal se observaron muchas personas trasladándose en vehículo particulares al borde costero a ver los destrozos que habían quedado. Al realizar esa actividad, en primer lugar la gente atocha las calles operativas y seguras, enlenteciendo el acceso de vehículos en emergencia. Pero en este acto de salir sin necesidad de sus hogares, la población se expuso innecesariamente a diversos peligros: marejadas, infraestructuras frágiles o debilitadas (buscando tomarse una foto con el inmueble colapsado), cables eléctricos en el suelo, ramas y árboles caídos, y tapas de alcantarillados abiertas.

7) Si bien lo ideal es que las personas no se muevan inmediatamente del lugar en dónde estaban al momento de estas emergencias, una vez ocurrido el desastre la gente puede necesitar trasladarse (en el caso de este temporal, por haber estado anunciado se esperaría todos estuvieran en su hogar o en lugares de trabajos específicos). Al respecto, es importante que las autoridades y la población tengan un plan de transporte público de emergencia pensado. Éste debe responder a objetivos distintos a los del transporte público regular, que generalmente busca conectar a las personas entre sus hogares con lugares de trabajo y estudio. En emergencia, se debe conectar a la gente con albergues, zonas seguras, sus hogares, centros de salud y de abastecimiento (supermercados, centros de acopio u otro, dependiendo de la emergencia).

8) Asociado al proceso de abastecimiento, al margen de que la población debería estar preparada con ayuda de las autoridades, cada ciudad debe tener un plan de abastecimiento eficiente de medicamentos, alimento, agua y enseres tipo que sean necesarios según las necesidades de cada región (ropa de abrigo e impermeable en el sur, factor solar en el norte, por dar ejemplos arquetipo). Lo anterior significa tener designados lugares que puedan proveer esos servicios y equipados con lo necesario para hacerlo: Sistemas electrógenos autónomos, con accesos disponibles (en coordinación con el plan de transporte ya mencionado), personal capacitado y las medidas de seguridad necesarias. La gestión de la información antes mencionada es de suma relevancia. Si bien con anterioridad a la emergencia la población puede saber a dónde acudir, un buen canal de comunicación ha de informar en tiempo y forma si alguno de esos centros de abastecimiento fue afectado. En el caso de este temporal, fue constante escuchar gente llamando a la radio preguntando por qué supermercados, estaciones de servicio o farmacias estaban funcionando, información que se fue construyendo de modo emergente por la misma ciudadanía.

9) Todos los puntos antes mencionados sólo han de funcionar en caso de emergencias si cada integrante de la sociedad se compromete con su rol. La preparación es clave en estos contextos y en ese sentido, el desarrollo de planes extendidos de simulación y simulacros es vital.

En conclusión, todo lo anterior se resume en que debemos avanzar hacia una cultura y sociedad de la prevención por sobre una de la reacción. Este escrito no es un análisis exhaustivo ni con rigor científico sobre lo ocurrido, pero recoge impresiones como un primer paso para comenzar a estudiar estos sucesos. Para fortalecer lo anterior, debe haber mayor presupuesto público y privado en investigación e iniciativas orientadas a aprender de nuestras experiencias y preparar a la población. Así, con conocimiento y estudios, toda crisis se convierte en una oportunidad. Probablemente todo lo que se menciona acá no sea exclusivo de la Región de Coquimbo, sino del país en su conjunto. Independiente de esto, debemos como sociedad aprender lo más posible de cada desastre socionatural, para estar mejor preparados para el próximo, que en el caso de Chile, es una certeza será más temprano que tarde.