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Reformas y eficacia: desafíos del nuevo proceso de gobernar

Diario Financiero

31 de diciembre de 2014

Imagen foto_00000001La cuestión acerca de la capacidad y eficacia directiva del gobierno por un lado y, el impulso de una agenda de cambios estructurales por otro expresado en las reformas en curso: tributaria, educacional, política y laboral parecen estar tensionando aún más la inestable relación entre gobierno y ciudadanía. Los diferentes estudios de opinión conocidos durante 2014 más allá de los guarismos que muestran parecen constatar un escenario para 2015 marcado por una crisis de expectativas y un clima de incertidumbre.

Durante el primer año el gobierno, tanto por decisión propia como por coherencia programática, decidió colocar el foco de su agenda en las reformas que habían formado parte de su oferta política durante la campaña del 2013. El espíritu reformador del gobierno estuvo a la base de lo que se dio en llamar el "frenesí legislativo" de la actual administración. La viabilidad de las reformas descansó en la inercia de las mayorías parlamentarias de la Nueva Mayoría en el Congreso y en una lectura parcial del proceso de repolitización y apoyo ciudadano a dichas reformas.

Sin embargo, una cierta insatisfacción con los resultados de los procesos de reforma y la constatación de la volatilidad del apoyo de los grupos medios muestran que los ciudadanos parecen no estar valorando adecuadamente los beneficios de los cambios en marcha. La calidad, eficiencia y eficacia de las políticas públicas, no se juegan solo en la decisión de llevarlas adelante, sino también se juegan en el horizonte temporal en el que se despliegan su implementación e impacto.

Lo que importa de un gobierno son sus resultados. Los resultados que la gente ilusiona, a pesar de su frustración reiterada con la política y la clase política. El gobierno empeña su palabra cuando anuncia su proyecto de gestión. Palabra que valida con su cumplimiento y el país evalúa por sus resultados. Quien decide lo que es valioso o importante para la sociedad son los propios ciudadanos. El valor se genera en la medida que un público reconozca el bien o el servicio como respuesta a una necesidad o preferencia.

Al parecer no basta sólo la agenda de reformas. También se esperan resultados. El espíritu transformador de la actual administración no puede prescindir de la eficiencia gubernamental en la gestión de los problemas cotidianos de los ciudadanos. La satisfacción de los beneficiarios/usuarios es crítica para el valor público que el gobierno pretende interpretar y conseguir.

Para 2015 el gobierno debe ampliar los límites de su comprensión acerca del proceso de gobernar. No basta solo con la voluntad declarada de impulsar cambios. Se requiere también más análisis acerca de la capacidad y eficiencia respecto del cumplimiento de las aspiraciones de los ciudadanos, destacando el concepto de eficacia directiva de quienes ostentan una responsabilidad pública en razón de mantener una estabilidad social en distintos rubros, el respeto a las libertades y la vigencia de preceptos sociales importantes como la democracia.

El desafío en 2015 para la actual administración será como equilibrar el reformismo de la Nueva Mayoría con la necesidad de la gestión de respuestas y soluciones concretas a los problemas cotidianos de los ciudadanos. Esto es lo que está en la base del nuevo proceso de gobernar, donde los requisitos de legitimidad y eficacia permanecen y son imprescindibles para que el gobierno tenga sentido y aceptación social, pero cambiará y cambia ya, significativamente, el modo como se construye la legitimidad política y como el gobierno acredita ser un dirigente y un administrador eficaz.

Marco Moreno,  Decano Facultad de Ciencia Política y Administración Pública de la U. Central.

Fuente: http://bit.ly/174OSK5