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Entrevista a Pedro Ortega Ruiz
“La educación intercultural debe ser un proyecto del conjunto de la sociedad”
Viernes 9 de julio de 2010

ImagenEl profesor Pedro Ortega es doctor en pedagogía. Sus líneas de investigación están relacionadas a la educación en sus aspectos valóricos, intercultural, ambiental y familiar. Su trayectoria profesional se ha desarrollado en la Universidad de Murcia, como docente en la disciplina de Teoría de la Educación.

¿Cómo se debería dar una auténtica educación intercultural?
"Sobre esta cuestión he escrito y reflexionado mucho. Discrepo notablemente del tratamiento que se le ha dado, hasta ahora, a la educación intercultural. En Europa y en el mundo anglosajón, se ha implantado un modelo ‘culturalista' en la educación intercultural, consistente en dar a conocer las tradiciones, costumbres, lengua y modos de vida... en otras palabras, la cultura de una comunidad o pueblo, en la esperanza de que el sólo conocimiento de las culturas basta para hacer posible el cambio de actitudes negativas hacia los otros, los de ‘fuera' y hacer posible la integración y la convivencia. Esto significa desconocer la historia más reciente del siglo XX en Europa. La cultura humanística de occidente no fue suficiente barrera para detener la barbarie que supuso el Holocausto judío. Es indispensable un cambio profundo en el sistema de valores que cada uno sostiene, que implica una transformación ética y moral en nuestra manera de ver y situarnos ante los otros".

¿Qué elementos son esenciales en el proceso de mirar e incluir al otro-diferente en el aula?
"Primero, partir de una concepción antropológica de la persona que la conciba como un ser abierto al otro; que el ser humano no se entiende sin el otro, con el otro y para el otro. El individualismo cartesiano y la moral kantiana no favorecen la apertura a los demás, cualquiera sea su lengua, cultura o raza. Toda acción educativa viene de algún sitio (presupuestos éticos y antropológicos) y va hacia algún lugar (metas y finalidades). Esto es lo que debe quedar claro: ¿qué sujeto humano queremos educar? y ¿qué sociedad queremos construir?

Segundo, desarrollar una pedagogía de la empatía y de la compasión solidaria. La ética de la compasión y la pedagogía que de ellas se derivan, facilitan en el aula unas relaciones que favorecen el clima de afecto, respeto y atención al otro. Cuando este clima se instaura en el aula, el otro, cualquier otro, deja de ser visto como extraño. Todos somos diferentes, nadie es igual al otro. El otro siempre es alguien que reclama de mí ser tratado y visto como una persona, no como algo para ser conocido en su diferencia".

¿Qué situaciones "experiencian" los niños y niñas que nacieron en un país distinto al de sus padres o que provienen de comunidades originarias?
"El problema que se les plantea radica en la discontinuidad entre la cultura originaria de sus padres y la cultura del país de acogida. Estos niños van a la escuela, juegan con su pares en la calle, conviven con otros de diferente cultura. Y esto, necesariamente, provoca conflictos. La facilidad para incorporar elementos de otras culturas en esas edades es muy alta, lo que permite construir una identidad nueva que, por otra parte, se va construyendo a lo largo de la vida. La identidad cultural es dinámica, permeable, negociable, nunca estática e impermeable. La cultura es un ser vivo que se moldea y enriquece con las aportaciones de otras culturas.

¿Cómo involucrar a estas familias en centros educativos para así desarrollar una educación intercultural inclusiva?
"No concibo una educación en que la familia no participe de un modo activo, es decir responsable. La educación es algo que no se puede delegar. Son los padres los que tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos. No se concibe una educación sin la aportación de unos valores morales que le dan sentido y coherencia. En esto, la aportación de la familia se hace indispensable. La educación intercultural si no es inclusiva se convierte en colonialismo. La educación intercultural se debe hacer a los de ‘dentro' y a los de ‘fuera', debe discurrir en ambas direcciones. Sería muy útil que los padres de los niños y niñas inmigrantes narrasen en las aulas sus experiencias de emigración: lo que para ellos ha supuesto dejar su tierra, pueblo, su gente, su casa, sus costumbres y sus tradiciones, el lugar en el que nacieron. Es decir, contar la experiencia de desarraigo que ha supuesto la emigración. Lo que han encontrado en la sociedad de acogida. Esto ayudará mucho a desarrollar el sentimiento de acogida, de comprensión hacia los otros, los venidos de ‘fuera'".

¿Qué papel cumple el educador en una educación intercultural?
"El mismo que en otro proceso educativo. Ser facilitador, orientador, motivador, acompañante del proceso de construcción personal del educando. No debe suplantar nunca al educando. Es éste el sujeto de la educación. No debe olvidar nunca que su papel es semejante al de una matrona que ayuda al alumbramiento de un individuo. La tentación de ‘repetirse' en el educando le acecha constantemente. Por eso digo con frecuencia que no es posible educar sin amar.

Como consideración transcribo un párrafo del ensayo ‘La educación para la convivencia en una sociedad plural': ‘Los otros, los diferentes por su cultura, no esperan que apreciemos su cultura; no buscan la comprensión intelectual de sus diferentes estilos de vida: buscan más bien que los apreciemos a ellos, que los comprendamos, que los acojamos en pie de igualdad con sus diferencias, sin perder nada de lo que les pertenece, aquello en lo que se reconocen y desde donde piensan, aman y viven. La mejor educación intercultural es aquella que se traduce en el reconocimiento del otro, en la acogida del otro en toda su dignidad'.

Obviamente, este proyecto de educación intercultural rebasa las posibilidades de la familia y de la escuela. Es, o debe ser, un proyecto del conjunto de la sociedad. Dice un proverbio africano que quien educa es la tribu. Y ello es muy cierto".