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Los mercados sufren bruscas variaciones en los precios relativos, incluido el tipo de cambio; existe sobre inversión en muchos sectores de la economía, lo que se refleja particularmente en la construcción; aumenta la irrupción de productos manufacturados de origen asiático; el consumidor es más exigente y requiere ávidamente nuevos productos; y hay una necesidad permanente de bajar costos y enfocar procesos que se orienten a los clientes. Luego de este detalle, sólo falta decir que las PYMEs chilenas pierden aceleradamente participación en el mercado. Y su debilidad competitiva respecto de las grandes empresas no se ve que tenga remedio: nada cambia el menor acceso al crédito; el bajo nivel de inversiones y productividad; el escaso manejo de información de mercado, la limitada capacitación laboral y la falta de encadenamientos productivos efectivos. En resumen, queda decir que las PYMEs son sinónimo de poca competitividad y, además, generan salarios que en promedio son bajos y perpetúan una mala distribución del ingreso. ¿Qué hacer entonces? A continuación, propongo una agenda para generar condiciones que permitan a este eslabón de la economía, volver a tener un rol clave en el desarrollo nacional. Más Emprendimientos Innovadores y Menos Concentración Económica Se requieren normas que faciliten y no entraben el emprendimiento. Agilizar los trámites en la obtención de patentes municipales y simplificar los procedimientos para cerrar una PYME. Los emprendedores deben poder cerrar rápido un negocio malo y concentrar sus esfuerzos para reemprender con otro proyecto, en otro lugar. Además es necesario fortalecer la Fiscalía Nacional Económica, entregándole recursos legales (por ejemplo, la delación compensada) para que investigue a fondo y pueda llegar a probar la culpabilidad, como fue el caso de Colusión en las Farmacias. A partir de la Segunda Guerra Mundial, las PYMEs en Japón y empresas como Toyota y Honda desarrollaron con éxito los métodos conocidos como Mejoras Continuas (Kaizen), para generar competitividad en las empresas. Estos procesos son bastante simples de implementar pero requieren de mucha voluntad y persistencia. No se necesita de grandes inversiones y son sus trabajadores los llamados a participar en el proceso de innovar. Estos métodos permiten innovaciones incrementales, mejorando la competitividad. Más encadenamientos productivos En los países desarrollados, las PYMEs son capaces de exportar y afrontar de mejor manera la competencia. En particular, el modelo italiano coloca como foco de la competitividad la especialización de las PYMEs, en los diferentes distritos industriales. Los resultados son notables y han sido las PYMEs las que finalmente dan sustentabilidad al modelo "Made in Italy". En Chile, los encadenamientos productivos se realizan sobre la base de "precios". La consecuencia es que este tipo de encadenamientos no permite el desarrollo de las PYMEs. Las grandes empresas deben comprender que la viabilidad de su propia estrategia competitiva debe estructurarse con los proveedores y no contra éstos. Más Asociatividad La política de innovación debiera apuntar básicamente a generar condiciones para mejorar la competitividad. En caso contrario se arriesga de colocar la carreta delante de los bueyes. Y el resultado será que el país en su conjunto no podrá transitar hacia el desarrollo. Para terminar, un gran esfuerzo: las PYMEs deben generar alianzas y cooperación entre empresas que les permita desarrollar economías de aglomeración. Este es sin duda un desafío cultural que da para otra columna.
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Accesos Directos
El desafío de emprender…con éxito en una Pyme chilena
Juan Carlos Scapini S., Director Escuela de Economía. Universidad Central










Se viene diciendo hasta el cansancio que la economía internacional actualmente refleja una situación compleja para los diferentes actores económicos que operan en los mercados globalizados. Lo anterior, se ha visto intensificado aún más en los períodos de recesión.