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El Director Nacional de Gendarmería, Alejandro Jiménez concedió esta entrevista, a la Revista Derecho Noticias de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Central de Chile, en la que profundiza sobre el sistema carcelario y responde a las críticas referidas a la sobrepoblación, a la falta de mecanismos que permitan rehabilitar a los internos y al deficitario diseño de la etapa de ejecución de sanciones penales, entre otras materias.
-Pese a las críticas que se hacen contra el sistema penitenciario, en el contexto de la región e inclusive de países del llamado primer mundo, se dice que nuestro sistema es bastante aceptable. ¿Cuáles son los principales avances que se han alcanzado en los últimos años? Gendarmería de Chile goza de un prestigio a nivel internacional, que incluso se ha traducido en ser considerado como un referente de administración penitenciaria dentro de Latinoamérica. Ello, obedece a la capacidad que como institución tenemos para realizar de manera efectiva y adecuada la contención de la población penal, una de las más altas del continente, lo que hace doblemente meritorio este reconocimiento. En 1990, las fugas dentro de nuestro sistema eran en términos de porcentaje una por día y con una población penal absolutamente inferior a la de hoy. Actualmente, esa cifra representa un porcentaje marginal, del orden de 30 casos anuales, en su mayoría evasiones que se materializan fuera de las unidades penales, lo que refleja a la vez la seguridad que hemos sabido imponer en las mismas. Lo mismo ocurre con los motines, expresiones violentas que prácticamente ya no ocurren en los recintos penitenciarios. Entre otros aspectos debo destacar la incorporación de estándares internacionales de control de gestión como las normas ISO 2000-9001, para en definitiva entregar un mejor producto a la sociedad. Me gustaría señalar como un avance la apertura que ha tenido Gendarmería, pasando de ser una institución hermética a una institución transparente, donde no tenemos nada que ocultar. Salimos de los muros de la prisión para dialogar con la comunidad, con la sociedad, con el entorno en el cual desarrollamos nuestra labor. Hemos colocado el tema penitenciario en el centro de la discusión, más allá del uso político que ciertos sectores intentan darle cada vez que la contingencia lo permite. Por ejemplo, programas y reportajes de televisión relacionados con la vida al interior de la cárcel no son casualidad, sino que es fruto de un trabajo serio y profundo, que se planteó como una forma eficaz para que la comunidad supiera qué es lo que ocurre dentro de los recintos, cómo se vive, cómo enfrentan esa realidad tanto los internos como nuestros funcionarios.
- ¿Cree que el actual sistema está en crisis, como manifiestan algunos actores involucrados en el tema, considerando los motines, fugas, riñas al interior de los penales con resultado de muertes y/o lesiones graves, actos de corrupción y delitos cometidos por los propios funcionarios? La crisis del sistema penitenciario chileno sólo existe en la mente de algunas personas que sólo buscan sacar provecho de situaciones puntuales y circunstanciales, como por ejemplo, puede ser una tragedia lamentable como el incendio que en marzo se produjo en la cárcel de Colina 2, producto de una riña entre internos. Eso quedó en evidencia tras ese doloroso episodio, puesto que al poco tiempo, estas vocerías, por denominarlas de alguna forma, simplemente se esfumaron. Claro que aceptamos la crítica y por supuesto que somos los más interesados cuando hay sentido verdadero de aportar, pero en lo personal, creo son muy pocas las posiciones que se rigen por esta forma de actuar. Retomando su pregunta, las riñas entre internos son uno de los mayores desafíos que tenemos, pero siendo objetivo, estas situaciones se producen sólo en algunos recintos penitenciarios y son protagonizados, por grupos minoritarios de internos. Tanto motines como fugas, son hechos que hemos sabido controlar de manera eficiente y adecuada, con procedimientos cada vez más profesionales, transparentes y en los que se actúa por disuasión, porque otro de los aspectos fundamentales de Gendarmería, es el compromiso que tenemos con los derechos humanos, y en concreto con el no afectarlos, directa o indirectamente. Sobre los casos de corrupción detectados, hemos adoptado las medidas que corresponden, de acuerdo a la gravedad del caso y si es constitutivo de delito, se sigue el curso de acción que corresponda.
- Según Francisco Prado, Investigador del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, no existen en el país normas o estándares que regulen de manera precisa las condiciones de vida y la capacidad de los establecimientos penitenciarios. ¿Está de acuerdo con esta afirmación? Gendarmería se rige obviamente por la Ley, por la Constitución vigente, y por un Reglamento de Establecimientos Penitenciarios, por tanto decir que los establecimientos bajo nuestra administración carecen de normas o estándares que regulen su funcionamiento, es poco riguroso. Lo que sí me parece más pertinente, es señalar que la realidad carcelaria chilena considera recintos actualmente operativos, con más de un siglo de antigüedad, con una infraestructura deteriorada y condiciones que no son las ideales para cualquier tipo de intervención de la población penal. En contraparte, tenemos modernos establecimientos, con tecnología y condiciones de seguridad y habitabilidad de estándares internacionales.
- Dos son principalmente las características del régimen interno de las prisiones chilenas: el prolongado encierro nocturno (en la mayoría de los casos, del orden de 14 ó 15 horas diarias, y el hecho que los dormitorios sean colectivos. Esta situación, ¿cómo afecta las reales posibilidades de que los internos puedan vivir en condiciones dignas y logren estar en un ambiente que les permita reinsertarse? La mejor respuesta a esa pregunta es el trabajo que, por ejemplo, desarrolla la iglesia evangélica al interior de la ex Penitenciaría, como le decía, un recinto ícono del sistema carcelario chileno y el más grande, antiguo y en funcionamiento de todo el país, y probablemente de Latinoamérica. Un coloso, donde para algunos la rehabilitación no existe, pero la iglesia evangélica ha demostrado lo contrario, con un trabajo comprometido y que, además, ha considerado importantes recursos económicos y humanos, por ejemplo para intervenir la Calle 4, donde habitan más de 500 internos de ese credo, en orden, con higiene, con autocontrol y sin alteraciones al régimen interno de la unidad penal. Si a ello le sumamos el trabajo que desarrolla el liceo municipal que allí funciona y el compromiso de la gente que compone nuestros equipos técnicos, yo diría que a pesar de las condiciones de reclusión, quien quiera rehabilitarse lo va a hacer. Estamos empeñados en que se discuta sobre el sistema penitenciario chileno y en la forma en que la sociedad que hoy conformamos determine se retribuya el daño causado por quien ha delinquido.
- Las cárceles chilenas están sobre pobladas, en un nivel que se estima entre el 60 ó 70%. Ese nivel de sobrepoblación genera condiciones que impiden que el sistema sea administrado en forma ordenada y eficaz, que se respeten los derechos de las personas recluidas y que se lleve a cabo la misión de rehabilitación de quienes cumplen condenas. ¿Comparte esta apreciación o tiene una visión distinta? Somos los más interesados en contar con las mejores condiciones de reclusión para la población penal como para que nuestro personal desarrolle su trabajo y desde ese punto de vista, toda mejora que se haga al sistema es bienvenida. La sobrepoblación existe, nunca se ha negado, pero ello no es impedimento para que Gendarmería realice de manera seria su labor y por mucho que invierta en condiciones de reclusión y rehabilitación, si para ese interno sigue siendo más lucrativo el delito como forma de subsistencia, lo más seguro es que una vez cumplida su condena vuelva a delinquir. Acá hay un doble discurso que, por un lado, exige duras penas a quien delinque, con altas condenas, pero por otro lado habla de las condiciones de reclusión y de la falta de alternativas de rehabilitación. Entonces nos encontramos con opiniones que pretenden que una persona que nunca ha tenido una conducta social, que ha crecido en un ambiente con hogares mal constituidos, con problemas de abuso de drogas y alcohol, con violencia intrafamiliar, sin escolaridad y todos los males de este sistema, corrija todo eso en su paso por la cárcel.
- A juicio de Álvaro Castro, coordinador del área de sistema penitenciario y condiciones carcelarias del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, en nuestro país, el diseño de la etapa de ejecución de sanciones penales es deficitario. Él advierte que la reforma procesal penal sólo contempló al órgano que debería realizar este control, pero no las materias que deberían ser objeto de su conocimiento y menos el procedimiento... La Reforma Procesal Penal ha sido uno de los cambios más trascendentales que en el ámbito de la justicia ha experimentado el país en los últimos años, solucionando problemas como el largo tiempo que una persona pasaba en la cárcel a la espera de su condena, la que incluso podía tardar años o peor aún, ser inferior al tiempo que estuvo privado de libertad. Por ejemplo, hoy tenemos más población penal condenada que imputada, otro de los efectos de esta reforma. Sin embargo no olvidemos que se trata de un proceso prácticamente nuevo y que es susceptible de contener errores, que debemos ir mejorando.
- Para algunos es necesario disminuir la población penal, y una fórmula para que la cantidad de personas recluidas sea más razonable es una mayor utilización de las penas alternativas, que son más eficaces y de menor costo, tanto para el Estado como para los condenados y sus familias... Tengo la firme convicción que ése es el gran paso que daremos como país, como Estado de Derecho. No podemos continuar con esa mentalidad castigadora que no concilia otra forma de sanción penal que no sea la cárcel. Debemos con urgencia incorporar al sistema una mirada humanista y con un alto sentido retributivo para la sociedad, para la comunidad. Y naturalmente, con inversiones públicas a la altura de esas nuevas opciones. Chile en la actualidad cuenta con sólo 3 tipos de medidas alternativas a la reclusión; la reclusión nocturna, la libertad vigilada del adulto y la remisión condicional de la pena, que suman más de 50 mil personas. Creo que es necesario ampliar las opciones de cumplimiento de condena y fomentar la aplicación de penas que tengan un beneficio para la comunidad, principalmente en aquellos delitos de menor gravedad y en los denominados primerizos.
- En el Informe Anual de Derechos Humanos 2009 de la Universidad Diego Portales, se plantearon denuncias graves respecto de la situación de personas privadas de libertad, especialmente menores de edad. En este sentido, se denunció la ausencia de personal suficiente, irregularidades en la aplicación de sanciones, la sobrepoblación de internos y las malas condiciones de los establecimientos. ¿Cuál es su opinión frente a este tema? No desconocemos esa realidad, Chile aún debe avanzar en recursos de inversión y de gestión. En eso estamos trabajando y los progresos están a la vista de todos. En cuanto a los derechos humanos en las cárceles chilenas, debo absolutamente negar que los malos tratos, arbitrariedades y hasta "torturas", como se ha señalado, sean parte de la cultura y los valores penitenciarios del Chile de hoy. Gendarmería es una institución que funciona en democracia y en Estado de derecho. Ese es nuestro compromiso. |
Accesos Directos
Alejandro Jiménez, Director Nacional de Gendarmería:
“La crisis del sistema penitenciario chileno sólo existe en la mente de algunas personas…”
Califica de “poco riguroso” afirmar que los establecimientos bajo la administración de la institución carecen de normas o estándares que regulen su funcionamiento.











Por: Daisy Castillo Triviños