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Natalia Bozo:Donald Trump, la nueva amenaza que perpetúa las desigualdades de género

Por Natalia Bozo Carrillo, socióloga, investigadora del Centro de Estudios Sociales de la (CESOP) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

10 marzo 2017


No se puede obviar la repercusión que ha tenido alrededor del mundo la victoria del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las diferentes agrupaciones en pro de los derechos de la mujer.

Sí, es difícil creer que en una de las mayores potencias mundiales se ha puesto a la cabeza la misoginia flagrante en persona. ¿Exagerado? Creo que no es desmesurado señalar al nuevo Presidente de Estados Unidos como un hombre machista, xenófobo y misógino, quien con sus dichos ha denostado a la mujer hasta el punto de hacer de éstos "tabla rasa" con todos los avances que se han logrado en materia de derechos hacia la mujer.

Eliminar la violencia hacia la mujer, no sólo significa dejar de agredirla física y sexualmente, sino también desde el discurso, desde la construcción de las palabras que luego se materializan en acción. Se trata también de su dimensión más simbólica, para romper con la reproducción del "poder masculino" y por tanto dejar de lado "este" orden naturalizado y normalizado.

Porque en el momento que Trump sostiene que "cuando eres una estrella [las mujeres] te dejan hacerles cualquier cosa; garrarlas por el coño; lo que sea", se deja en clara evidencia que las desigualdades de género no han acortado una brecha. Más bien se sigue encontrando una articulación de tejidos jerárquicos en un contexto sociopolítico versátil, como es la llegada de Donald Trump al poder. Esto reafirma que, dentro de este orden social normalizador, hay configuraciones legitimadas que hacen del género una desigualdad invisible.

Es más, la "Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer" explicita que se deben "modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres", pero pareciera que aquí no es el caso.

Siguiendo en esta misma línea, cuando se afirma que se han avanzado por los derechos de las mujeres, que cada vez tenemos acceso a mejores condiciones de vida, me pregunto: ¿entonces esperan que dejemos de luchar? ¿esperan que bajemos los brazos y esperemos al cambio? Mi respuesta es NO, porque mientras existan personas que piensen de tal forma, no podemos bajar los brazos, no podemos dejar de seguir luchando por nuestros derechos, porque si bien se ha avanzado, no podemos permitirnos retroceder.