Enviar este Artículo Imprimir este Artículo Aumentar tamaño de letra Disminuir tamaño de letra

La postverdad en salud

Dra. Nelly Baeza, directora del Centro de Salud Pública de la Universidad Central

Lunes 31 de julio de 2017

Durante el mes de julio, en mi calidad de directora del Centro de Salud Pública, fui consultada por varios medios de comunicación sobre las medidas preventivas contra las enfermedades respiratorias que alcanzaron su máximo peak.

El objetivo fue explicar a la ciudadanía las características y diferencias de las enfermedades respiratorias, cuyo abanico va desde un resfrío hasta una neumonía, (lógicamente con una amplia diversidad de sintomatología y nivel de complejidad entre ellas) y que suelen agudizarse en invierno debido a las bajas temperaturas y la contaminación.

Desde un punto de vista salubrista, la promoción y prevención de la salud en las personas es fundamental, por lo que estos espacios, tanto en medios escritos, radio o televisión, son altamente valorados para quienes trabajamos en salud pública.

En este contexto, siempre se suele consultar sobre la efectividad de la vacuna contra la influenza. Y es en este punto que, como salubrista, explico la importancia de la vacunación anual, el por qué todos los años es necesaria la inoculación, y también que el vacunarse contra la influenza no inmuniza a las personas de otras enfermedades invernales, pero sí las deja en un mejor pie para enfrentar esta etapa del año.

Sin embargo, todos los años también estas acciones de comunicación en salud se enfrentan con el fantasma de los movimientos antivacunas que, sustentados en el estudio publicado por el Dr. Andrew Wakefield en The Lancet en 1998 y posteriormente refutado por la comunidad científica, siguen vinculando discursivamente la presencia de timerosal en las vacunas con el autismo.

Lamentablemente, estos movimientos ya se han instalado en nuestro país, haciendo oídos sordos de la evidencia científica y generando temor en los padres que dudan en vacunar a sus hijos, sin lograr entender que no solo ponen en peligro a ellos sino que a todos los enfermos crónicos que no pueden inocularse y cuya inmunidad descansa en el efecto rebaño que proporciona la vacunación masiva.

Sin duda que el fenómeno de la postverdad ha llegado también al sector salud. "Creer lo que queremos creer" y no en lo comprobado científicamente puede traer estragos en el sector salud. Así, ya hemos visto que en Estados Unidos y Europa se ha producido un alza en el sarampión y la difteria debido a una disminución en la vacunación. Es decir, no están en entredicho solo creencias o ideologías, sino que la salud y vida de la población.