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Consumo excesivo de bebidas energéticas

Isabel Puga, psicóloga y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

Imagen foto_00000006El consumo de bebidas energéticas se da principalmente en los jóvenes quienes buscar sentirse más activos y con mayor capacidad para mantenerse despiertos. Lo que buscan en realidad es sentir más intensamente, por eso las usan en situaciones sociales: encuentro con amigos, fiestas, y muchas veces mezcladas con alcohol.

Las representaciones actuales de ser joven están fuertemente asociadas a aprovechar al máximo todas las oportunidades y esto generaría la búsqueda de esa intensidad. Esto provoca que sea más fácil llegar a los excesos porque se relativizan los riesgos. También está la percepción de que a mí no me va a pasar nada que es una mirada egocéntrica.

Sin embargo,  no hay suficiente conocimiento respecto al daño en el consumo de bebidas energéticas.  Se instalaron en el mercado como un  coayudante a la mantención de la energía.

Esta situación es similar a la que se ha dado con el sodio: cuando de pronto se dieron cuenta de que el exceso de sodio hacía mal, tuvo hasta que el Estado intervenir,  incluso regulando el pan.

Más allá de los efectos nocivos derivados básicamente de la cafeína, el problema es que beber recurrentemente bebidas energéticas va generando adicción y como todo exceso puede tener efectos nocivos en el comportamiento cotidiano y a largo plazo de las personas.

Por ejemplo, dada la excesiva adrenalina que puede producir el consumo de bebidas energéticas,  podrían presentarte cuadros de ansiedad y de alteración anímica que pudiesen ser dañinos para sí mismo o, incluso, en algunos casos, para terceras personas.

También es importante revisar porqué las personas comienzan a consumir excesivamente estas bebidas. Así como otras adicciones, este comportamiento está normalmente asociado a otros problemas emocionales y psicológicos de las personas tales como: tendencia a la depresión, inseguridades, fobias sociales, por tanto muchas veces encubre problemáticas de son de base en las personas y que requeriría tratamiento.

Por tal motivo, esta adicción debiera tratarse abordando esos problemas que generan este comportamiento adictivo.

Lo más importante es prevenir en la familia: con la comunicación; con las habilidades para la vida; en cómo se resuelven las situaciones.  

Hay un segundo nivel de prevención que implica intervenciones psicológicas y psicoterapia, a las que normalmente una persona llega porque la misma familia o personas cercanas se dan cuenta de que la persona está con dificultades.

Y, debido a que este consumo excesivo provoca problemas de salud, en un tercer nivel, son los centros de salud los que derivan a las personas a las áreas de adicción.