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Aylwin y la recuperación de la Salud Pública

Por Dr. Patricio Silva Decano Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Central

Viernes 6 de mayo de 2016

Para quienes conocimos y trabajamos con Don Patricio Aylwin los recuerdos y las emociones afloraron con fuerza con motivo de su fallecimiento. Como su subsecretario de Salud, durante todo su gobierno, constaté su forma respetuosa y afectuosa con todos, así como su especial interés en conocernos durante y después de dejar su gobierno.

Era marzo de 1990 y recibimos los hospitales públicos en un estado catastrófico. Sólo seguían operando gracias a sus esforzados médicos y trabajadores. Cuando con el ministro de Salud Jorge Jiménez, le entregamos las primeras evaluaciones, que superaban por mucho nuestro primer diagnóstico, se tomaba la cabeza y nos señalaba que debíamos restablecer mínimas condiciones de dignidad en la atención en el más breve plazo.

En su primera cuenta pública del 21 de mayo, el presidente Aylwin se refirió a las deplorables condiciones del sistema público de salud. No funcionaban las calderas ni cocinas, no habían sábanas en las camas -menos frazadas-, incluso se llovían algunas salas de enfermos en hospitales del sur, tarea que pude constatar personalmente. Además de la falta de medicamentos y de radiología, en toda la Región Metropolitana había sólo cuatro scanners de segunda mano que apenas funcionaban.

Fui testigo de cómo se emocionaba cuando le exponíamos la situación y de cómo dio instrucciones precisas para aumentar nuestro presupuesto con la recaudación adicional que se tuvo, gracias a la reforma tributaria que impulsó, además de los recursos que llegaron generosamente del extranjero para la cooperación del restablecimiento de la democracia.

Cuando hoy escucho que nada o poco se hizo en los primeros gobiernos de vuelta a la democracia, no puedo más que sentir impotencia. Impotencia por no haber sabido explicar al país, con mayor claridad, esta realidad y dar a conocer a las nuevas generaciones la deteriorada situación en que recibimos la salud pública.

No olvidemos que el Sr. Buchi, como subsecretario de Salud y posterior ministro de Hacienda, recortó el presupuesto de salud de manera sistemática con la idea de privatizar todo el sistema. Partieron ahogando a FONASA y dando carta blanca a las Isapres, para luego seguir con el desmantelamiento de los hospitales públicos.

Por fortuna, al recobrar la democracia, pudimos comenzar a recuperar los recintos hospitalarios y la salud pública, tarea que por cierto aún está lejos de terminar. Al mismo tiempo, se continuó con el desarrollo de la salud privada, existente desde siempre en nuestro país, con el firme convencimiento de que es tarea de todos entregar una mejor salud.

En este desafío, cuál es generar condiciones dignas de acceso a la salud a todos los chilenos, sin duda que nadie sobra. Así, a 26 años de ese 1990, es nuestro deber sumar el esfuerzo de todos los actores para lograr el desarrollo de todos los ciudadanos chilenos, con un claro sentido ético y búsqueda del bien común.